Tras el valle





El valle del Beqaa (Líbano) actualmente es el suelo que sostiene la mayor parte de refugiados procedentes de Siria. Una llanura infinita sobre la cual flotan miles de hogares hechos de trozos de madera, lona y chatarra reciclada.

El paisaje de aquel valle lo podría definir como un lugar ina­barcable, bello, lleno de luz y tierra fértil. Pero a la vez, como un espacio que me hizo pensar sobre la temporalidad del hogar y el paso del tiempo.

Rodeado de obstáculos y límites sobre este paisaje temporal, observé la arquitectura que conforma este limbo. Me cues­tioné si aquel lugar podía ser hogar para alguien y el impacto que puede tener el éxodo en la vida de las personas.
Poco después de volver a Barcelona traté de escribir qué significaba para mí el concepto ‘hogar’, y escribí:

“[...] el hogar es el lugar donde compartimos vivencias, cos­tumbres, es una relación entre el ser y el entorno; se construye con el tiempo.”

A día de hoy, recordando mis pasos por el asentamiento de refugiados sigo pensando que el tiempo en el valle Beqaa me pareció estar en pausa, a la espera de un cambio, como polvo suspendido en el aire.